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miércoles, mayo 07, 2008

SALVE, TITO PULLO, HEROE DE ROMA

Y yo me lo quería perder. Madre mía. Menos mal que le hice caso a mi novia cuando hará cosa de un mes casi me “obligó” a que le trajera ROMA. Se que hablé hace muy poco de esta pequeña joya escondida en las profundidades de Cuatro, pero ahora que acabo de terminar la 2ª y última temporada, tenía que volver para contároslo: Que maravilla, que despliegue, que magia en cada escena,… Habrá spoilers de toda la serie a partir de aquí.

Si recordáis, en el anterior post sobre la serie os comenté que la historia trataba sobre la batalla entre dos antiguos amigos, Pompeyo El Grande y Cayo Julio Cesar. El primero, acomodado en la grandiosidad de Roma, y el segundo, el gran General y descendiente directo del gran emperador romano, que vuelve a la ciudad para intentar conquistarla y reinstaurar el régimen dictatorial.

Pues la historia ha resultado ser mucho más que eso. Lo que parecía una simple batalla de titanes, se tornó en una compleja trama política, sobre la conveniencia o no del legítimo estado de república en el que Roma estaba asentada desde que una loba amamantó a dos gemelos. Se las han arreglado para bifurcar esta historia central en multitud de tramas, a cada cual más atractiva y misteriosa: la confrontación entre Attia y Servillia, los viajes a la lejana tierra de Egipto, la mezquina maldad de Marco Antonio, la infancia y posterior llegada al poder del nuevo César,… Montones de historias que me han dejado pegado al dvd durante las pocas semanas que he tardado en devorarlo.

Me gustaría resaltar una de las que, para mí, ha sido una de las más importantes: la historia sobre la inquebrantable amistad de Tito Pullo y Lucio Voreno. Como si de un Frodo y un Sam de la antigua época se tratara, los dos respetados soldados de la legión decimotercera de Roma, han sido los protagonistas principales de la serie. A pesar de ser una serie coral, estos dos siempre han llevado más el peso de la narración, uno como el líder sensato y prudente, y el otro como el visceral, alocado y mujeriego. A nadie que lea normalmente mi blog le sorprenderá que yo ahora diga que no me gusta Lucio Voreno (el sensato) porque el actor que lo interpreta (Kevin McKidd) no es santo de mi devoción, pero sobre todo porque en este caso Ray Stevenson, que hace el papel de Tito Pullo, es mejor que él en todos los aspectos y en todas las escenas. Su carisma no tiene comparación con el de ningún otro personaje y a pesar de ser un gladiador nato, demuestra durante toda la temporada un carácter afable y simpático. Que cae bien, vamos (¿a que sí, macguffin?)

El caso es que si bien a Lucio Voreno le pasa de todo durante la primera temporada (su mujer se suicida, le roban a sus hijas, encadena paliza tras paliza), a Tito Pullo le pasa algo parecido en la segunda temporada, donde por fin consigue casarse con la única mujer que ha amado, Irene, una antigua esclava, y esta muere envenenada por la que se convertirá en su amante, Gaia, la cual a su vez también muere intentando salvarle la vida a Pullo.

La desgracia está presente durante toda la historia. En mi memoria aún queda la escena en la que Servilia, tras enterarse de la muerte de su hijo Bruto a manos del ejército de Marco Antonio, va a la puerta de la casa de Atia y se arrodilla ante sus muros durante más de 3 días, sin comida ni bebida, con su esclava esparciendo ceniza sobre ella, y exigiendo la presencia de “domina”. Y cuando por fin sale, se sacrifica a sí misma para culminar una maldición, que impedirá a Atia ser feliz nunca más en su vida.

También quiero destacar toda la trama que se desarrolla en Egipto. En la primera temporada Julio Cesar ya viajó allí, para cerrar negocios con aquel país, despojar a Ptolomeo del trono, y ya de paso para que la nueva reina, Cleopatra, diera a luz a su hijo con el emperador romano. Bien, pues en esta segunda temporada ha sido Marco Antonio el que ha tomado el relevo del tirano, y ha viajado también a Egipto para ocupar su lugar junto a Cleopatra y gobernar aquella maravillosa civilización. Lucio Voreno tuvo que ir con él, y se encontró en la tesitura de tener que enfrentarse con las fuerzas del nuevo césar, Cayo Octavio, hijo de Atia, que había retado a Marco Antonio por su traición a la República. Y entre las filas del joven césar, está Tito Pullo, que en su día fue mentor del futuro dictador.

Me habría gustado que se hubiera visto alguna escena en la que ambos se enfrentaran directamente, pero no fue así. Me tuve que conformar con su reencuentro en Egipto, pero bueno.

Durante estas dos temporadas (22 episodios en total) ha habido escenas realmente impresionantes. Una os la contaba el otro día al final de la entrada sobre In Treatment: Lucio Voreno vengando la muerte de sus hijas y entrando en uno de los coleguium que dominan el aventino (el barrio de Roma donde viven) ensangrentados y con la cabeza del jefe en sus manos. Pero aquí os voy a dejar una de las escenas más espectaculares de toda la serie, el final de la primera temporada, en una secuencia que difícilmente podré borrar de mi cabeza:

Me gustaría hacer hincapié en lo bien que se llevan temas supuestamente tabú durante toda la serie, como la violencia explícita y, sobre todo, el sexo. Está claro que el hecho de que la HBO esté detrás de la producción es un claro síntoma de por qué las cosas se hacen bien y con tanta libertad de movimientos.

Y para terminar, simplemente me gustaría dejar latente, si no lo he hecho ya, que me he sentido totalmente atrapado y fascinado por la historia que nos cuenta Roma. Puede que muchos le achaquen el hecho de saber cómo termina, o cómo se desarrolla parte de la historia, pero os aseguro que eso no es un impedimento para disfrutar al 100% de esta serie. Además, solo se respetan las tramas generales. Todos sabemos, por ejemplo, como muere Cleopatra, pero eso no nos impide disfrutar de cada minuto que pasa hasta que llega ese momento.

Gracias a Roma, dentro de poco voy a empezar también con Los Tudor, producción también de tintes históricos, sobre la que solo oigo buenas críticas, y que puede estar abriendo un nuevo camino hacia este tipo de series históricas, más cortas, pero igualmente intensas.

miércoles, abril 23, 2008

IN TREATMENT: SIN FUEGOS DE ARTIFICIO

Conversaciones crudas y a corazón abierto, sin fuegos de artificio. Esto es lo que nos ofrece IN TREATMENT en todo su esplendor. Porque si por algo se caracteriza esta serie (que hace poco que empecé a ver) es porque no puede ser más claro y contundente sobre lo que ofrece: cada capítulo de In Treatment es una sesión de la terapia de uno de los siete personajes que desfila por la consulta de Paul (Gabriel Byrne) cada semana.

Toda la acción de la serie se desarrolla en dicha consulta, o mejor dicho, lo que Paul, un afamado psiquiatra, usa como consulta: el salón de su casa. Un entorno acogedor y sosegado, plagado de una inquietante calma, en el que poco a poco, con el paso de las semanas, los pacientes van buscando redención por hechos que les afectan de su vida cotidiana.

Así, tenemos a Laura (Melissa George, la agente doble y mujer de Vaughn en Alias durante la 3ª temporada), que ya en su primera visita relata a Paul una desgarradora historia sobre su encuentro sexual con un desconocido, la noche anterior.

También está Alex (Blair Underwood), un marine de los Estados Unidos que no siente ningún remordimiento por haber matado a 16 civiles en Irak durante una operación encubierta.

Y así hasta siete personajes, todos distintos entre sí, que irán contando sus historias a Paul, esperando algún tipo de respuesta, un tratamiento, una cura, o lo que sea que ofrezcan los psiquiatras a sus pacientes.

Tengo que decir que me ha sorprendido muchísimo la sencillez de su puesta en escena. Como ya he dicho, toda la acción se desarrolla en el salón de Paul, y no va acompañada de ningún tipo de artificio: ni música, ni efectos especiales, ni nada. Solo dos personas hablando, abriendo su alma. Y es increíble la potencia con la que esta sencillez te golpea en la cara desde el primer minuto. Hay algún que otro juego de cámara, pero poco más. La protagonista es la palabra pura y dura, y os aseguro que se disfruta muchísimo este aspecto.

Buenas noticias: Gabriel Byrne sigue la estela de Glenn Close, Steve Carrell o James Woods, y se une a la afortunada lista de actores de Hollywood que se han dado cuenta de que la verdadera calidad de guión e historias está en la televisión. En las series, más concretamente. Y esto, creo yo, es una gran noticia.

Antes de terminar un detallito: no se si traerán a España In Treatment, pero desde luego, el inglés de Gabriel Byrne es uno de los más claros y fácilmente entendibles que yo he escuchado, así que sin miedo los que tengan un nivel más precario de la lengua de Shakespeare. Además, Paul siempre habla de una forma muy sosegada y tranquila, y casi no hacen falta ni subtítulos para comprender toda la trama sin problemas.

Así que nada, si queréis descansar de carreras por la selva o discursos interestelares, esta es vuestra serie. Yo desde luego la estoy disfrutando muchísimo. Lo único que me detiene es que ahora mismo estoy devorando la segunda temporada de Roma. Vaya serión, dios mío. Impresionante el comienzo, con el gran Tito Pullo ayudando a Lucio Voreno a vengarse (no digo de qué, que sería spoiler) y saliendo del lugar con la cara ensangrentada, y la cabeza de su enemigo en las manos…

Por cierto, esta semana ya toca capitulo nuevo de Lost. Lo esperamos como agua de mayo ese "The shape of things to come"!

miércoles, abril 02, 2008

ROMA: CON LA AMBIENTACION POR BANDERA

Hará cosa de una semana, mi novia y yo vimos en la tele el anuncio de cuatro (o de la FOX, ahora no lo recuerdo) del estreno de la 2ª temporada de Roma. Hacía tiempo que ella me la venía pidiendo, y aunque yo al principio era reacio por el gran número de series ya empezadas que teníamos entre manos, al final conseguí la primera temporada y nos pusimos a ello.

Tengo que reconocer que mi predisposición no era buena. Me gustan las películas de romanos, por su espectacularidad y su recreación de aquella época, pero creía que el desarrollo de la historia que supone una serie completa, la convertiría en una aburrida historia de debates filosóficos en el senado, césares que se rebelan, y poco más.

La cosa no mejoró cuando vi aparecer en pantalla a uno de los protagonistas, mi archienemigo Kevin McKidd, también conocido como Sosoman, el viajero del tiempo en Journeyman. Si sus gestos y su interpretación estaban fuera de lugar en una serie ubicada en la actualidad, imaginaos como quedarán en la antigua Roma. Por suerte, la serie ha resultado ser buena y McKidd se queda en un pequeño lunar que no llega a ser molesto.

La historia, en un principio, es simple: Pompeyo (Kenneth Cranham) y Cayo Julio Cesar (Ciaran Hinds) han sido siempre amigos. El segundo lleva 8 años fuera de Roma, acompañado de su legión decimotercera, en misiones de conquista para el glorioso Imperio, y en ese tiempo, Pompeyo, que ahora es cónsul de la ciudad, se ha hecho con el cariño y el respeto del pueblo, mientras iba dejando que la imagen de Cesar se demacrara y lo que antaño fue valor y coraje conquistador, se fuera convirtiendo poco a poco en simple instinto asesino. Cuando el soldado se entera de esto, decide volver a Roma con sus tropas y tomar la ciudad por la fuerza, para reclamar el fin de la República, y la vuelta a un régimen dictatorial, con él mismo como cabeza visible. En dichas tropas se encuentran, Lucio Voreno (Kevin McKidd) y Tito Pullo (Ray Stevenson), el primero un leal servidor de la República y honorable soldado, el segundo, un legionario rudo y sin modales, cuyo único objetivo en la vida es que todas las mujeres griten su nombre, sedientas de sexo.

Como decía, la serie es buena, o al menos a mí me lo ha parecido. No tengo ni idea de las cifras que se han invertido para llevarla a cabo, pero desde luego les ha funcionado, porque si algo destaca de Roma, es su espectacular puesta en escena, su ambientación de la época más gloriosa del Imperio Romano, y como consigue que rápidamente te lances a bucear en su maravillosa historia y su magnífica recreación de las disputas de antaño. En alguna ocasión los escenarios cantan un poco, y se notan las cromas, pero desde luego no tanto como ocurrió con aquel capítulo de Lost, en el que dejaban a Sayid en medio de una carretera en Irak y se veía al fondo un escenario dibujado con el paint de Windows (y no quiero ni acordarme de aquel capítulo de Heroes, con Bennet y Mohinder en Rusia, virgen de mi vida…)

Otro punto que destaca de Roma, y que a mí particularmente me ha llamado mucho la atención es la claridad con la que tratan el tema sexual durante toda la serie. Hay una media de 3-4 coitos en cada episodio, y se habla sin tapujos de sexo, homosexualidad y perversiones de los altos cargos, algo que siempre quedaba en un segundo plano en otras historias similares (Espartaco fue la excepción, supongo). Además, son particularmente graciosos los graffitis que la plebe hace por toda la ciudad, con el César recibiendo felaciones, o acusando a otra mujer de adultera.

Para ir concluyendo, simplemente diré que no pensaba que Roma me fuera a gustar tanto. La historia es interesante y engancha, los personajes, a excepción de Lucio Voreno, son muy buenos, con mención especial para la malvada sobrina del Cesar, Attia (Polly Walker), y como ya he dicho, la ambientación de la antigua República de Roma es maravillosa.

Aprovecho para decir que esta entrada es la número 99 del blog, que aunque parezca mentira, ya tiene casi 3 años de vida, así que el siguiente post será un especial recordatorio de estas 100 entradas que para mí son todo un record, sobre todo teniendo en cuenta que hace poco que empecé a dedicarme en serio a esto. Espero que todos os paséis y dejéis vuestro comentario! Un saludo.