Y yo me lo quería perder. Madre mía. Menos mal que le hice caso a mi novia cuando hará cosa de un mes casi me “obligó” a que le trajera ROMA. Se que hablé hace muy poco de esta pequeña joya escondida en las profundidades de Cuatro, pero ahora que acabo de terminar la 2ª y última temporada, tenía que volver para contároslo: Que maravilla, que despliegue, que magia en cada escena,… Habrá spoilers de toda la serie a partir de aquí.
Si recordáis, en el anterior post sobre la serie os comenté que la historia trataba sobre la batalla entre dos antiguos amigos, Pompeyo El Grande y Cayo Julio Cesar. El primero, acomodado en la grandiosidad de Roma, y el segundo, el gran General y descendiente directo del gran emperador romano, que vuelve a la ciudad para intentar conquistarla y reinstaurar el régimen dictatorial.
Pues la historia ha resultado ser mucho más que eso. Lo que parecía una simple batalla de titanes, se tornó en una compleja trama política, sobre la conveniencia o no del legítimo estado de república en el que Roma estaba asentada desde que una loba amamantó a dos gemelos. Se las han arreglado para bifurcar esta historia central en multitud de tramas, a cada cual más atractiva y misteriosa: la confrontación entre Attia y Servillia, los viajes a la lejana tierra de Egipto, la mezquina maldad de Marco Antonio, la infancia y posterior llegada al poder del nuevo César,… Montones de historias que me han dejado pegado al dvd durante las pocas semanas que he tardado en devorarlo.
Me gustaría resaltar una de las que, para mí, ha sido una de las más importantes: la historia sobre la inquebrantable amistad de Tito Pullo y Lucio Voreno. Como si de un Frodo y un Sam de la antigua época se tratara, los dos respetados soldados de la legión decimotercera de Roma, han sido los protagonistas principales de la serie. A pesar de ser una serie coral, estos dos siempre han llevado más el peso de la narración, uno como el líder sensato y prudente, y el otro como el visceral, alocado y mujeriego. A nadie que lea normalmente mi blog le sorprenderá que yo ahora diga que no me gusta Lucio Voreno (el sensato) porque el actor que lo interpreta (Kevin McKidd) no es santo de mi devoción, pero sobre todo porque en este caso Ray Stevenson, que hace el papel de Tito Pullo, es mejor que él en todos los aspectos y en todas las escenas. Su carisma no tiene comparación con el de ningún otro personaje y a pesar de ser un gladiador nato, demuestra durante toda la temporada un carácter afable y simpático. Que cae bien, vamos (¿a que sí, macguffin?)
El caso es que si bien a Lucio Voreno le pasa de todo durante la primera temporada (su mujer se suicida, le roban a sus hijas, encadena paliza tras paliza), a Tito Pullo le pasa algo parecido en la segunda temporada, donde por fin consigue casarse con la única mujer que ha amado, Irene, una antigua esclava, y esta muere envenenada por la que se convertirá en su amante, Gaia, la cual a su vez también muere intentando salvarle la vida a Pullo.
La desgracia está presente durante toda la historia. En mi memoria aún queda la escena en la que Servilia, tras enterarse de la muerte de su hijo Bruto a manos del ejército de Marco Antonio, va a la puerta de la casa de Atia y se arrodilla ante sus muros durante más de 3 días, sin comida ni bebida, con su esclava esparciendo ceniza sobre ella, y exigiendo la presencia de “domina”. Y cuando por fin sale, se sacrifica a sí misma para culminar una maldición, que impedirá a Atia ser feliz nunca más en su vida.
También quiero destacar toda la trama que se desarrolla en Egipto. En la primera temporada Julio Cesar ya viajó allí, para cerrar negocios con aquel país, despojar a Ptolomeo del trono, y ya de paso para que la nueva reina, Cleopatra, diera a luz a su hijo con el emperador romano. Bien, pues en esta segunda temporada ha sido Marco Antonio el que ha tomado el relevo del tirano, y ha viajado también a Egipto para ocupar su lugar junto a Cleopatra y gobernar aquella maravillosa civilización. Lucio Voreno tuvo que ir con él, y se encontró en la tesitura de tener que enfrentarse con las fuerzas del nuevo césar, Cayo Octavio, hijo de Atia, que había retado a Marco Antonio por su traición a
Me habría gustado que se hubiera visto alguna escena en la que ambos se enfrentaran directamente, pero no fue así. Me tuve que conformar con su reencuentro en Egipto, pero bueno.
Durante estas dos temporadas (22 episodios en total) ha habido escenas realmente impresionantes. Una os la contaba el otro día al final de la entrada sobre In Treatment: Lucio Voreno vengando la muerte de sus hijas y entrando en uno de los coleguium que dominan el aventino (el barrio de Roma donde viven) ensangrentados y con la cabeza del jefe en sus manos. Pero aquí os voy a dejar una de las escenas más espectaculares de toda la serie, el final de la primera temporada, en una secuencia que difícilmente podré borrar de mi cabeza:
Me gustaría hacer hincapié en lo bien que se llevan temas supuestamente tabú durante toda la serie, como la violencia explícita y, sobre todo, el sexo. Está claro que el hecho de que
Y para terminar, simplemente me gustaría dejar latente, si no lo he hecho ya, que me he sentido totalmente atrapado y fascinado por la historia que nos cuenta Roma. Puede que muchos le achaquen el hecho de saber cómo termina, o cómo se desarrolla parte de la historia, pero os aseguro que eso no es un impedimento para disfrutar al 100% de esta serie. Además, solo se respetan las tramas generales. Todos sabemos, por ejemplo, como muere Cleopatra, pero eso no nos impide disfrutar de cada minuto que pasa hasta que llega ese momento.
Gracias a Roma, dentro de poco voy a empezar también con Los Tudor, producción también de tintes históricos, sobre la que solo oigo buenas críticas, y que puede estar abriendo un nuevo camino hacia este tipo de series históricas, más cortas, pero igualmente intensas.
