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JACK: "Madre, hay células terroristas más cariñosas que tú"
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viernes, marzo 07, 2008

DIAGNOSTICO DIFERENCIAL DE HOUSE

House ha vuelto, y parece que por fin lo ha hecho con la calidad que se le presupone. Muchos no entenderán esta primera frase, pero tranquilos, tiene una explicación. Cuando descubrí House por primera vez (hará un par de años), me quedé maravillado por el grandísimo nivel que mantenía capítulo tras capítulo. Desde el primer momento supe que estaba ante una serie de las que marcan época, de las que generan un antes y un después en este pequeño pero gran mundillo nuestro que es el de la televisión. Tanto es así, que en pocas semanas había devorado las 2 primeras temporadas. Los 40 minutos de cada episodio pasaban volando entre ocurrencias del amado/odiado doctor y casos médicos realmente interesantes, por la inusual forma de enfocarlos con los ya célebres “diagnósticos diferenciales”. Estábamos, sin lugar a dudas, ante un programa que adquiriría la etiqueta “de culto” en pocos años, ya que contaba con millones de seguidores en todo el mundo. País en el que se estrenaba, país que quedaba rendido a sus pies.

Pero de repente, algo cambió. Terminó la alucinante 2ª temporada, y tras un verano interminable de espera, llegó la 3ª…y con ella la decepción. La decepción creciente ante más de lo mismo. Seguía siendo igual de brillante, pero los comentarios del dr. House ya no eran divertidos, chisposos, ni geniales, eran… lo de siempre, lo que ya llevábamos viendo 2 años, solo que los casos eran cada vez más insólitos y los diagnósticos solo alcanzables por un premio Nóbel en potencia. Se podría decir que la primera temporada fue la del descubrimiento, el shock inicial, la que dejó a todo el mundo maravillado ante tanta frescura. La segunda fue la confirmación de que, al contrario que otras series, no habíamos estado ante un primer año con suerte, sino que los creadores eran buenos, sabían lo que hacían, y estaban dispuestos a seguir demostrándolo. Sin embargo, cuando llegó el momento del cambio, House no se adaptó. Siguió abusando una y otra vez del mismo recurso: caso en apariencia imposible de resolver, House da la solución el primer minuto, se equivoca, su equipo investiga, él tiene un pálpito como resultado de una conversación casual con alguien (Wilson dice “estoy hasta las narices de ti”, y House da con la tecla: “Claro, las narices. ¡Tiene un cáncer en la nariz!”) y el paciente se salva. A veces, para cambiar la dinámica, el paciente moría, pero a esas alturas todos nos habíamos dado cuenta ya de que la serie necesitaba reinventarse para seguir triunfando. Ahora, tras haber visto los 8 primeros capítulos de la 4ª temporada, puedo decir tranquilamente que lo ha conseguido. Y a partir de aquí SPOILERS del final de la 3ª y algunos muy leves de la 4ª.

En la season finale del pasado mayo, la “cuadrilla del cojo” se desmiembra y cada uno se va por su lado. Con este giro de guión ya podíamos adivinar que algo estaba a punto de cambiar, y efectivamente así ha sido. Aunque los personajes eran buenos (para mí, Foreman soberbio), la gente empezaba a cansarse de verlos en pantalla, sobre todo cuando cada vez había más distancia en cuanto a interés entre ellos y su jefe. Así que la solución estaba clara: buscar un nuevo equipo. Y que mejor forma de hacerlo que con un “Reality/entrevista”, según palabras de la propia Cuddie.

A House le obligan a escoger de una vez a un nuevo equipo, y como no podía ser de otra forma, lo hace a su manera. Para empezar, llena un aula de aspirantes, a lo que va eliminando progresivamente con criterios que distan mucho de ser estrictamente médicos: al último que deje de lavar su coche, por ejemplo. Pero entre todos ellos, me quedo con el concurso que consiste en ver quien consigue quitarle las bragas a Cuddie, consiguiendo así la inmunidad y la nominación de dos de sus compañeros. Y no menos original es la forma de despedirlos, al más puro estilo Supermoledo 2007, rosa en mano.

E hilando una cosa con la otra, llegamos finalmente al nuevo equipo. Las nuevas caras. La gran mayoría son un acierto, porque tener una doctora a la que llamas Zorra implacable (Anne Dudek) no puede menos que ofrecerte 2 ó 3 escenas descacharrantes por capítulo. Mención especial para el momento llamada y el “Zorra implacable llamando” en la pantalla del móvil de House. También tenemos a 13 (Olivia Wilde), que si bien de momento no ha aportado gran cosa salvo su indudable belleza, parece que se abre una puerta dedicada a la enfermedad que podría haber heredado de su madre, enferma de Huntington. Además, me hace mucha gracia que la siga llamando por el número que le asignó cuando eran mil en la clase. También está Taub (Peter Jacobson), un cirujano plástico que necesita dar un giro a su vida por razones que House no dudará en investigar, o mejor dicho, cotillear. Kutner (Kal Penn), al que ya conocemos como el terrorista encubierto de la 5ª temporada de 24 (Enero de 2009 no llega nunca…), es otro de los aspirantes, al igual que Cole (Edi Gathegi), quien nos priva de un juego de palabras con su mote debido a una mala traducción. House le llama “Gran Amor”, refiriéndose a la serie “Big Love”, que no ha llegado a estrenarse en España, y que trata de un polígamo y su relación con las tres esposas. Uno de mis favoritos es Dobson (Carmen Argenziano), cuya avanzada edad despierta la curiosidad de House, hasta que finalmente acaba descubriendo que ni siquiera tiene la carrera de medicina. Aunque estos son los principales, la lista se alarga con otros aspirantes que irán cayendo uno por uno hasta alzarse con los dos puestos disponibles. Si, dos, porque el tercero será reocupado por Foreman, el hijo pródigo, que verá cómo todos los hospitales le rechazan por haberse convertido en el propio House a la hora de saltarse las normas.

Y en este punto llega una de mis pequeñas desavenencias con esta temporada. No termina de gustarme la forma en que han recolocado a su antiguo colega en el equipo, ni tampoco que Cameron, y mucho menos Chase, estén rondando de nuevo por el Princeton Plainsboro, aunque en servicios diferentes del hospital. Sin embargo, esto no empaña el buen sabor de boca que me está dejando esta nueva temporada. Los casos son de nuevo interesantes y estimulantes, y hemos podido disfrutar ya de capítulos realmente buenos, cómo el 4x07, “Feo”, en el que un adolescente con un supertumor en la frente va a ponerse en las manos del dr. House, seguido en todo momento por una cámara de televisión que quiere filmar el proceso, y convertirlo en un reality. Y sin duda, el capítulo que muchos sabíamos que llegaría (del que no desvelo el título para no chafar la sorpresa), en el que, finalmente, el lupus es la respuesta.

Para ir terminando, simplemente diré que me gusta bastante el camino que parece estar tomando la serie. A pesar de seguir con los capítulos auto-conclusivos (en House están más que justificados) la serie está rayando a un nivel altísimo, y parece que el bueno de House está volviendo por sus fueros. Larga vida al enfant terrible de la televisión.

lunes, enero 14, 2008

SI HOUSE PRACTICARA LA ABOGACÍA...SERÍA MEJOR QUE SHARK

Hola de nuevo. Ante todo, disculpas por mi hiatus de estos días. Entre que esta semana he estado con un gripazo de la muerte, y que el sábado se casaron unos amigos míos (¡¡Felicidades Juan y Celia!!) os podéis imaginar que ayer no fue un día especialmente propicio para escribir. Pero eso sí, al abrigo de una manta y un buen vaso de leche caliente, pude empezar una nueva serie y aquí estoy para daros mi opinión, como es menester.

La serie en cuestión era Shark, un dvd que tenía aparcado desde hacía tiempo, pero que ayer comencé a ver por ser la única que me queda en español, y como no tenía muchas ganas de ponerme a traducir phrasal verbs, la vi como la única opción factible. La cosa no pintaba mal: un muy buen actor (James Woods) en una serie de abogados (eso siempre engancha), y con buena crítica (al menos aquí en España). Pronto comprendí que no me hallaba ante nada novedoso. Porque no nos engañemos, Shark no es más que una traslación de House al terreno de los juicios y los tribunales. Eso lo hace un producto atractivo, pero que vive única y exclusivamente de las “perlas” del protagonista (que son muchas, por cierto).


La cosa empieza de una forma bastante previsible. Como buen piloto, nos cuenta, de una manera un tanto rápida y atropellada, como la vida de Sebastien Stark, el abogado defensor más famoso de Los Angeles, da un giro de 180º cuando uno de sus clientes asesina a su mujer, solo unos días después de que se vanagloriara por haberle salvado de la cárcel por pelearse con ella. Esto le hunde en una fuerte depresión de la que solo le hace salir una oferta del propio alcalde de la ciudad, Carlos Gómez, de liderar un grupo de abogados bajo el auspicio de la fiscal del distrito, Jeri Ryan, que le asigna un grupo de jóvenes y guapos abogados, pero inexpertos al fin y al cabo. Así, el abogado defensor más despiadado y egocéntrico de toda la costa oeste de los Estados Unidos, se convierte en…el fiscal más despiadado y egocéntrico de toda la costa oeste de los Estados Unidos. Y a partir de ahí, un sinfín de casos que cualquier abogado del mundo perdería, y que Stark, sin embargo, termina ganando, fruto de su brillante ingenio y uso de las 3 “reglas de oro”:

1. Un juicio es la guerra y perder es la muerte
2. La verdad es relativa
3. En un juicio con jurado, solo hay 12 opiniones que importen

Poco a poco nos van presentando a los Chase, Cameron y Foreman de Stark, que resultan ser unos secundarios sin carisma ni presencia, pero que son imprescindibles para, con sus torpezas, hacer aún mejor a su jefe. Si acaso podríamos salvar de la quema a Madeline (Sarah Carter), la Cameron del grupo, y no porque sea la guapa (que lo es) sino porque resulta convincente en su papel de aplicada y joven abogada, que se convierte desde el minuto uno en la pelota oficial de Stark. Luego termina cayendo en el cliché más viejo del mundo cuando se lía (en el tercer episodio…) con su compañero en el equipo Casey (Samuel Page), el Chase de la serie, el guapo y apuesto niño de papá que terminó en Oxford y después trabajando para el fiscal, gracias a sus influencias. Al resto ni los nombro porque se me ha olvidado hasta su cara… Creo que hay un hispano y una chica de color, para no discriminar a nadie. ¡Vivan los tópicos!

No, en serio. Shark es una serie entretenida, pero que se sustenta única y exclusivamente en el carisma de James Woods, en sus frases, sus borderías, sus gracietas, y en su aplastante superioridad en el estrado, mientras machaca a sus oponentes. Y poco más, porque los casos, si bien no previsibles desde el primer momento, si que se ven demasiado claros en cuanto hablan con el primer testigo, y pierden parte de su interés. Por cierto, aquí, como en House, podemos jugar a ver en qué otras series han aparecido los secundarios que hacen de víctimas o sospechosos en cada episodio. En los 3 primeros ya han aparecido Steven Eckholdt (Mark en Friends, el que le consigue el trabajo a Rachel en Blooming Dale), Jim Jansen (el reverendo de Stars Hollow en Las Chicas Gilmore), el gran Zelko Ivanek (el malvado Drazen de la 1ª temporada de 24 y el ex marido de Julliet, atropellado por un autobús, en Lost), Tomy Rosemont (la sheriff que detiene a Bellick en la 2ª temporada de Prison Break) y así hasta el aburrimiento. Por cierto, a Carlos Gomez, el actor que encarna al alcalde Manuel Delgado, le deben de haber visto cara de poli, porque solo se le ve por este tipo de escenarios. Así que me vengan a la memoria ahora mismo, hace alguna que otra aparición en Boston Legal, Criminal Minds, Monk, Crossing Jordan, Sin rastro, CSI, 24, y estoy casi seguro de que en Alias también.

En resumen, si Gregory House es un egocentrico, narcisista y detestablemente brillante médico de una unidad de élite, con una percepción deprimente de la vida, Sebastian Stark es exactamente lo mismo, solo que aún más egocéntrico, aún más narcisista y con una percepción de la vida, digamos, algo más positiva. Sin embargo, a pesar de las magníficas capacidades interpretativas de Woods, no llega a alcanzar el halo de autenticidad que sí consigue Hugh Laurie, no se si porque fue la novedad o porque realmente puede que sea mejor actor. Claramente han intentado crear el mismo personaje, pero convirtiéndolo en un triunfador, rico, poderoso, pero igualmente vacío por dentro. ¿Les ha funcionado? Para entretenerse un par de tardes, seguro que sí, pero no para convertirse en serie de culto, ni para estar entre las mejores. No creo que nunca llegue a tirarme una tarde entera viendo Shark, tal y como sí que he hecho con otras como 24 o Cómo conocí a vuestra madre.

Eso si, tengo que reconocer que mi percepción de esta serie se ve enturbiada por mi actual cuelgue por Friday Night Lights, que está interesantísima. Ya hablaré largo y tendido de ello, pero puedo ir dando unas pinceladas: Odio a Lyla Garrity por ser tan…tan…por ser tan Lyla, leches!, me vuelve loco Tyra (¿ha alguien no?), me aburro muchísimo con Jason Street y con cada una de sus apariciones en pantalla, y quiero tener la labia de Smash, tanto dentro como fuera del campo. Parece mentira que una serie sobre fútbol americano se haya convertido en mi must see de este nuevo año. Clear eyes, full heart, can’t lose!

miércoles, diciembre 12, 2007

NI HOUSE NI GREY: J.D. Y EL DR. COX

Y lo digo con la mano en el corazón. Me encanta House, y me encanta Anatomía de Grey, pero os aseguro que si tengo que elegir una serie, ya sea drama o comedia, que se desarrolle en un hospital, elegiría sin dudar Scrubs. Adoro todos y cada uno de los momentos de esta maravilla que está a punto de terminar en USA. Llevaba ya tiempo queriendo escribir sobre ella aquí, pero quería esperar hasta haber visto el final de la 5ª temporada (la última que ha emitido canal + en España), y por fin pude hacerlo hace un par de semanas. Así que ojo que habrá SPOILERS:
Todos conocéis ya al protagonista, John Dorian (Zach Braff), joven médico, recién graduado, payaso y narcisista que llega al Sagrado Corazón, junto con su amigo de toda la vida Turk (Donald Faison). Pronto conocerá allí a Carla (Judy Reyes) y a la preciosa Elliott (Sarah Chalke), y se enfrentará a las continuas vejaciones de su mentor, el Dr. Cox, magistralmente interpretado por John C. McGinley. A nadie se le escapa que “Coxie” fue la fuente principal de la que bebió David Shore para crear el personaje de House, y desde luego, para mí no hay color entre uno y otro. Perry Cox es como Lorelai Gilmore, por su velocidad verbal, pero quitándole toda la simpatía de golpe, y cambiándosela por irascibilidad y mucha, mucha vanidad. Su mayor preocupación cada día, aparte de odiar a su ex mujer (que está “muerta por dentro”), es encontrar un nuevo nombre de chica con el que aún no haya llamado a J.D. Haciendo uso de la ya tan manida voz en off, el propio Dr. Dorian va narrando su día a día en el hospital, y poniendo en evidencia sus graves problemas existenciales, a la vez que intenta ordenar su desastrosa vida amorosa.

Durante 5 temporadas la serie ha ido evolucionando, con sus altibajos por supuesto, pero siempre manteniendo un nivel muy alto. Por los pasillos del Sagrado Corazón han danzado personajes míticos, como el de Doug, el interno que finalmente termina trabajando en el depósito de cadáveres debido a su “alarmante tasa de mortalidad”, Todd y su tanga, el conserje, del que aún no sabemos su nombre, Hooch, “que está loco”, y por supuesto Ted, el abogado del hospital, y líder de un cuarteto vocal. Aunque si por algo ha llamado Scrubs la atención, es por su interminable lista de cameos de personajes famosos que, lejos de hacer una simple aparición, terminan quedándose durante varios episodios. Así hemos podido ver a Michael J. Fox, Tara Reid, John Ritter, Brendan Fraser, Heather Lockear, Heather Graham, Masi Oka, Amy Smart, Mandy Moore,… y por supuesto a Sarah Lancaster, que también aparece en un par de episodios como la encargada de la tienda de regalos (si es que vale para todo esta chica…).

En su quinta temporada, Scrubs nos ha deparado varias sorpresas: el esperado embarazo de Carla, el noviazgo de Elliott con Keith (interno de J.D.), y el cliffhanger final (si se le puede llamar así) de Kim, la nueva novia de J.D., que le anuncia que está embarazada. Si tengo que ser sincero, diré que si Scrubs tiene algo malo, es lo poco interesantes que son sus finales de temporada, que normalmente son resueltos sin mayores problemas durante los dos o tres primeros episodios de la siguiente. Lo bueno es que quedan eliminadas las molestas risas embotelladas (que no son tan molestas en “Como conocí a vuestra madre”) y que durante toda la serie se nos muestra un humor fácil, accesible, que puede llegar de manera inesperada, bien con una simple caída o bien con un comentario ingenioso del Dr. Cox. Lo que está claro es que Scrubs no deja indiferente. Durante toda la serie nos sorprende, por ejemplo, la amistad entre los dos protagonistas, la relación amor-odio de J.D. y el Dr. Cox, la indescriptible vida sexual de Elliott (¿¿¿una capataz de una plantación de manzanas brasileña???), cómo el máximo objetivo del conserje cada día es fastidiar al pobre J.D., la divertida (y alarmante) falta de sentimientos de Jordan,…

Parece que la serie tiene las horas contadas en Estados Unidos debido a la huelga de guionistas, y que todo quedará visto para sentencia con el final de su séptima temporada. Mientras tanto os recomiendo, si aún no lo habéis hecho, que descubráis esta maravilla, que aunque no es precisamente de la nueva hornada de comedias, si que fue de las primeras en recordarnos que en un hospital, no todo son sangre y diagnósticos.

Un saludo. eRLuiH.