Como algunos ya sabéis, Damages es la historia de una joven abogada, Ellen Parsons (Rose Byrne), que recibe una oferta de trabajo de un prestigioso bufete de abogados llamado Hewes & Associates, liderado por la abogada más despiadada de Nueva York, Patty Hewes (Glenn Close), que se encuentra inmersa en una lucha encarnizada contra Arthur Frobisher (Ted Danson), que presuntamente embaucó a sus 5.000 empleados para que compraran acciones de su compañía, para posteriormente vender las suyas y dejarlos a todos en bancarrota. Ellen vive felizmente con su prometido en una zona acomodada de Nueva York y las cosas parecen irle realmente bien con la obtención de este nuevo trabajo, pero al parecer, todo esto ocurre seis meses antes del comienzo de nuestra historia. El inicio del piloto nos muestra a Ellen, semidesnuda y ensangrentada, corriendo por las calles de Nueva York totalmente desorientada y en estado de shock. Acto seguido, cuando es encontrada por la policía, que previamente ha descubierto el cuerpo de su novio en la bañera, su primera frase es: “Necesito un abogado”.
Así de alucinante es el comienzo de Damages. Una atípica serie de abogados que, esta vez sí, parece ofrecernos algo diferente a lo que nos tenía acostumbrados este género. Esta vez no hablamos de un abogado parlanchín, vanidoso y endiosado (véase Shark), sino que tenemos delante a Patty Hewes, la personificación del miedo en la pantalla. Tras solo dos capítulos vistos, os puedo asegurar que ella sí que transmite a los demás esa sensación de que estas ante un personaje poderoso, que no vacila, y que hace temblar todos los huesos de tu cuerpo cuando te traspasa con la mirada. Además, recuerdo con especial tensión todas las conversaciones que Ellen tiene con el jefe de uno de los bufetes que quería contratarla, y que son rechazados por aceptar la oferta de Hewes. Básicamente la advierten de que Patty la “usará, la exprimirá, se meterá en su cabeza, y cuando la haya devorado, su alma será tan débil, que no podrá mantenerse en pie”. De verdad que me estremecía cada vez que oía hablar a ese hombre.
Obviamente, gran parte de esa sensación se la debemos a la inconmensurable Glenn Close, que si ya sabíamos que era una actriz maravillosa, aquí se destapa como una de las abogadas de ficción más creíbles y temidas que yo recuerde. Y me parece una buenísima noticia que actores de la talla de esta mujer se hayan dado cuenta de que el futuro está en las series, y no en el cine. En la pequeña pantalla pueden coger un personaje y desarrollarlo muchísimo más, darle más profundidad, y además, ser seguido y admirado cada semana por millones de personas. No tienen por qué ajustar su interpretación a dos horas de metraje, sino que va evolucionando a lo largo de toda una temporada. Me alegré de ver a James Woods embarcado en Shark, dejando un poco de lado la gran pantalla, y me alegro de nuevo de ver a Glenn Close siguiendo sus pasos.
Mención aparte merece, por supuesto, Ted Danson, que tras quitarse de encima aquella sombra de racismo que le acechó durante su romance con Whoopi Goldberg, se ha destapado como un actor serio, creíble, emocionante al límite. Yo aún no había tenido la oportunidad de escuchar su verdadera voz, porque todo lo que había visto de él (Cheers, Becker, pelis, etc.) eran dobladas al español, pero tengo que decir que me alegro de haberla descubierto aquí, porque su tono es muy profundo, muy de serie dramática, y realmente creo que este papel y esta serie le vienen como anillo al dedo. Esperemos que se quede más tiempo del que requiera su contencioso con Hewes.
En cuanto a la protagonista, Rose Byrne, si no lo digo reviento: a falta de ver algún capitulo más, ya puedo ir adelantando que no me gusta. Es un personaje que da una sensación de debilidad extrema y que se queda en nada ante la presencia de Glenn Close (supongo que es algo premeditado).
Por cierto, secundarios ilustres al poder: Zelko Ivanec, al que parece haberle gustado las series de abogados, vuelve a aparecer en Damages como el defensor de Ted Danson, y contendiente directo de la Close. Como siempre, vuelve a hacer un gran trabajo, aunque su personaje no es muy diferente del que ya hace en Shark. Además, podemos ver a Tate Donovan, en el papel de Tom, el asistente y mano derecha de Patty Hewes, y al que todos conocemos por ser uno de los ligues de Rachel en Friends. Este, concretamente, era el que va a cambiar su fondo de armario a Blooming Dale’s y luego resulta ser una persona a la que le aterran los animales de granja.
Bueno, en fin, que empecé a ver Damages más porque aún no tenía otra cosa disponible que por verdaderas ganas, y resulta que me he encontrado con la serie más interesante, para mí, de la temporada. De momento, ahí está Pushing Daisies, pero si con solo dos episodios de Damages ya tengo esta sensación… Si vosotros también la habéis visto o tenéis la intención, espero vuestros comentarios!
miércoles, enero 23, 2008
ESTO SÍ QUE ES UNA ABOGADA
lunes, enero 14, 2008
SI HOUSE PRACTICARA LA ABOGACÍA...SERÍA MEJOR QUE SHARK
La serie en cuestión era Shark, un dvd que tenía aparcado desde hacía tiempo, pero que ayer comencé a ver por ser la única que me queda en español, y como no tenía muchas ganas de ponerme a traducir phrasal verbs, la vi como la única opción factible. La cosa no pintaba mal: un muy buen actor (James Woods) en una serie de abogados (eso siempre engancha), y con buena crítica (al menos aquí en España). Pronto comprendí que no me hallaba ante nada novedoso. Porque no nos engañemos, Shark no es más que una traslación de House al terreno de los juicios y los tribunales. Eso lo hace un producto atractivo, pero que vive única y exclusivamente de las “perlas” del protagonista (que son muchas, por cierto).
La cosa empieza de una forma bastante previsible. Como buen piloto, nos cuenta, de una manera un tanto rápida y atropellada, como la vida de Sebastien Stark, el abogado defensor más famoso de Los Angeles, da un giro de 180º cuando uno de sus clientes asesina a su mujer, solo unos días después de que se vanagloriara por haberle salvado de la cárcel por pelearse con ella. Esto le hunde en una fuerte depresión de la que solo le hace salir una oferta del propio alcalde de la ciudad, Carlos Gómez, de liderar un grupo de abogados bajo el auspicio de la fiscal del distrito, Jeri Ryan, que le asigna un grupo de jóvenes y guapos abogados, pero inexpertos al fin y al cabo. Así, el abogado defensor más despiadado y egocéntrico de toda la costa oeste de los Estados Unidos, se convierte en…el fiscal más despiadado y egocéntrico de toda la costa oeste de los Estados Unidos. Y a partir de ahí, un sinfín de casos que cualquier abogado del mundo perdería, y que Stark, sin embargo, termina ganando, fruto de su brillante ingenio y uso de las 3 “reglas de oro”:
1. Un juicio es la guerra y perder es la muerte
2. La verdad es relativa
3. En un juicio con jurado, solo hay 12 opiniones que importen
Poco a poco nos van presentando a los Chase, Cameron y Foreman de Stark, que resultan ser unos secundarios sin carisma ni presencia, pero que son imprescindibles para, con sus torpezas, hacer aún mejor a su jefe. Si acaso podríamos salvar de la quema a Madeline (Sarah Carter), la Cameron del grupo, y no porque sea la guapa (que lo es) sino porque resulta convincente en su papel de aplicada y joven abogada, que se convierte desde el minuto uno en la pelota oficial de Stark. Luego termina cayendo en el cliché más viejo del mundo cuando se lía (en el tercer episodio…) con su compañero en el equipo Casey (Samuel Page), el Chase de la serie, el guapo y apuesto niño de papá que terminó en Oxford y después trabajando para el fiscal, gracias a sus influencias. Al resto ni los nombro porque se me ha olvidado hasta su cara… Creo que hay un hispano y una chica de color, para no discriminar a nadie. ¡Vivan los tópicos!
No, en serio. Shark es una serie entretenida, pero que se sustenta única y exclusivamente en el carisma de James Woods, en sus frases, sus borderías, sus gracietas, y en su aplastante superioridad en el estrado, mientras machaca a sus oponentes. Y poco más, porque los casos, si bien no previsibles desde el primer momento, si que se ven demasiado claros en cuanto hablan con el primer testigo, y pierden parte de su interés. Por cierto, aquí, como en House, podemos jugar a ver en qué otras series han aparecido los secundarios que hacen de víctimas o sospechosos en cada episodio. En los 3 primeros ya han aparecido Steven Eckholdt (Mark en Friends, el que le consigue el trabajo a Rachel en Blooming Dale), Jim Jansen (el reverendo de Stars Hollow en Las Chicas Gilmore), el gran Zelko Ivanek (el malvado Drazen de la 1ª temporada de 24 y el ex marido de Julliet, atropellado por un autobús, en Lost), Tomy Rosemont (la sheriff que detiene a Bellick en la 2ª temporada de Prison Break) y así hasta el aburrimiento. Por cierto, a Carlos Gomez, el actor que encarna al alcalde Manuel Delgado, le deben de haber visto cara de poli, porque solo se le ve por este tipo de escenarios. Así que me vengan a la memoria ahora mismo, hace alguna que otra aparición en Boston Legal, Criminal Minds, Monk, Crossing Jordan, Sin rastro, CSI, 24, y estoy casi seguro de que en Alias también.
En resumen, si Gregory House es un egocentrico, narcisista y detestablemente brillante médico de una unidad de élite, con una percepción deprimente de la vida, Sebastian Stark es exactamente lo mismo, solo que aún más egocéntrico, aún más narcisista y con una percepción de la vida, digamos, algo más positiva. Sin embargo, a pesar de las magníficas capacidades interpretativas de Woods, no llega a alcanzar el halo de autenticidad que sí consigue Hugh Laurie, no se si porque fue la novedad o porque realmente puede que sea mejor actor. Claramente han intentado crear el mismo personaje, pero convirtiéndolo en un triunfador, rico, poderoso, pero igualmente vacío por dentro. ¿Les ha funcionado? Para entretenerse un par de tardes, seguro que sí, pero no para convertirse en serie de culto, ni para estar entre las mejores. No creo que nunca llegue a tirarme una tarde entera viendo Shark, tal y como sí que he hecho con otras como 24 o Cómo conocí a vuestra madre.
Eso si, tengo que reconocer que mi percepción de esta serie se ve enturbiada por mi actual cuelgue por Friday Night Lights, que está interesantísima. Ya hablaré largo y tendido de ello, pero puedo ir dando unas pinceladas: Odio a Lyla Garrity por ser tan…tan…por ser tan Lyla, leches!, me vuelve loco Tyra (¿ha alguien no?), me aburro muchísimo con Jason Street y con cada una de sus apariciones en pantalla, y quiero tener la labia de Smash, tanto dentro como fuera del campo. Parece mentira que una serie sobre fútbol americano se haya convertido en mi must see de este nuevo año. Clear eyes, full heart, can’t lose!
