El caso es que a Light, que encuentra tanto seguidores de su obra como detractores, empieza a conocérsele en todo el mundo como “Kira” (que es como se pronuncia “Killer” en japonés), y su fama consigue que el detective más famoso del mundo, “L”, se interese por su caso y decida ir tras él, enzarzándose en un continuo y brillante desafío entre ambos, poniéndose a prueba el uno al otro, con el único objetivo de exponer la identidad del otro.
Establecido ya el preámbulo, comienzo con la entrada en sí: ayer terminé la segunda temporada de Dexter, y si bien no estoy tan sumamente alucinado como todo el mundo me aseguraba que me iba a quedar, sí que puedo decir que esta serie se ha hecho un hueco entre mis favoritas. Ojo que habrá algún que otro spoiler.
Y no se si mientras hablaba de Death Note, alguno de vosotros ha cerrado los ojos y ha visto trasladado ese mismo argumento a Dexter, con el susodicho en el papel de Light Yagami, o Kira, y con el agente especial Lundi haciendo las veces de “L”. Desde el principio de la serie las similitudes eran evidentes: un asesino con un trabajo normal durante el día, que en sus ratos libres se dedica a purgar criminales haciendo uso de un método muy concreto: los cuchillos y su ritual del plástico en el caso de Dexter, y las anotaciones en la libreta de la muerte en el de Kira.
Pero con la llegada del agente especial Lundi las comparaciones se tornaron casi obligadas. Constantemente el agente del FBI ponía a prueba al forense, esperando que este diera un paso en falso, que cometiera el más mínimo error que le llevara a quitarse la careta y mostrarse abiertamente como el asesino que es.
Además, en ambas series se debate sobre la dualidad moral de las acciones del asesino. Tanto Kira como el Asesino de la Bahía matan única y exclusivamente a criminales, gente malvada que han escapado de la justicia, y eso lleva a la gente que presencia esta purga a sentirse dividida entre la repulsa al acto del asesinato en sí, y la aprobación silenciosa que les merece el hecho de limpiar las calles de criminales.
Me gustaría hablar un poquito sobre la que ha sido uno de los pilares de esta segunda temporada: Lila. No ha sido un personaje tan espectacular como esperaba… hasta los últimos 2 episodios, cuando no dudó en intentar quemar vivos a los hijos de Rita y al propio Dexter, tras enterarse de que estuvo a punto de ser “purgada” por el famoso Asesino de la Bahía. O cuando, tras descubrir a Doaks enjaulado en la cabaña del lago, decide provocar una explosión por escape de gas, para preservar así el secreto de Dexter, que el sargento había ya descubierto.
Por cierto, no me esperaba que muriera Doaks. Estaba seguro de que al final el cadáver carbonizado que sacan del agua terminaría siendo de algún pobre pringao que pasaba por allí, y la caza continuaría en la siguiente temporada. Una pena porque me encantaba el rifirafe continuo que se llevaban él y Dexter.
Vuelvo a Lila. Se quedó en pirómana, aunque yo pensaba que siendo su alma gemela, como ella tantas veces repetía, estaríamos ante otra asesina en serie que oculta su verdadero rostro durante el día. Sin embargo, me resulta muy intrigante la forma en la que se engancha de manera enfermiza a Dexter, como sigue sus pasos, como acecha a sus seres queridos, y sobre todo, como le manipula para que esté a su lado.
De hecho, ella consigue sacar la versión más siniestra y agresiva de nuestro asesino, cuando empieza a merodear a Rita y a Debra, y Dexter, totalmente sincero ya sobre su “adicción”, la amenaza con esa conversación tremenda:
Dexter: “No te acerques ni a Rita ni a los niños. No te acerques a mi”
Lila: “¿O que?”
Dexter: “O conocerás al monstruo”
Para mi gusto ha perdido algo de la frescura que se desprendía de la primera temporada, ese dulce sabor de la novedad, que inevitablemente se ha ido desvaneciendo durante la segunda. Eso no quita para que lo que ya era genial al principio, haya seguido siéndolo ahora: Masuka, por ejemplo, sigue en plena forma. Tal es su retorcida mente, que el resto ya ni se sorprende cuando opina sobre los “bonitos pechos” del cadáver que acaban de encontrar descuartizado. O Debra, que gracias a que la cadena Showtime es un ente privado, puede dar rienda suelta a su retahíla de tacos, hasta cuando se pone cariñosa.
Resumiendo, que es gerundio: tenía las expectativas tan increíblemente altas para esta segunda temporada, que a pesar de tener una factura tan impecable como la primera, se me ha quedado algo escasa. Le ha faltado ese puntito extra que la habría convertido en magnífica. Me estoy arrepintiendo un poco mientras escribo esto, porque la verdad es que disfrutaba muchísimo cada episodio, pero me da rabia que solo hayan podido sorprenderme a medias con un argumento, y sobre todo un personaje, tan maravillosamente trenzados.
Lo dicho, a los que os gusta Dexter (a casi todos, lo se), y queráis ir abriendo boca mientras esperamos la 3ª temporada, os recomiendo encarecidamente que le echéis un vistazo a Death Note. Vale que es un manga y que puede parecer friki, pero sinceramente pienso que va un paso más allá en el dilema ético que tan de moda ha puesto nuestro forense favorito sobre si un criminal debe vivir… o debe morir.
